Todo empezó con dos observaciones simples, vividas en familia.
La primera: cuando viajas, no puedes llevar todos tus libros. Y por la noche, en una habitación de hotel o en casa de un familiar, llega ese momento en que el niño espera su cuento y no tienes nada a mano.
La segunda: incluso en casa, los libros se acaban pronto. Lees los mismos una y otra vez, hasta el día en que el niño ya no conecta con ellos. El cuento que pedía cada noche deja de pedirlo.
Un cuento que existe solo para élPor eso creé Miloria. No una biblioteca digital más, sino algo diferente: un cuento que existe solo para este niño. Con sus rasgos de personalidad, sus lazos familiares, sus gustos, su edad. Porque lo que capta la atención es reconocerse en lo que se lee.
No solo un cuento, un libro de verdadPero un cuento no es suficiente. Lo que de verdad genera ganas de leer es la continuidad. No un cuento, luego otro sin conexión: un libro de verdad, donde cada capítulo llama al siguiente. Eso es lo que hace que un niño pida más.
Ilustraciones que se quedan contigoTambién estaba la cuestión de las ilustraciones. Un libro infantil no es solo texto. Es una imagen en la que te quedas mirando, que señalas, que permanece en tu memoria. Quería que las ilustraciones también fueran personalizadas, coherentes en su estilo de un capítulo a otro, y verdaderamente ligadas a la historia de ese niño. Para que el niño se vea en ellas y quiera saber qué pasa después. Todo esto ocurre en cada paso de la creación.
Detrás de todo esto, hay dos cosas que más me importan: inspirar el amor por la lectura y garantizar la seguridad del contenido. Cada historia está estrictamente guiada para ser apropiada para la edad del lector.
Hoy, todo el equipo de Miloria lleva adelante esta visión: por primera vez, el cuento es verdaderamente suyo.